Intervención de Sergio Gutiérrez en el acto "Formación para el empleo joven" (14 de febrero de 2010)
Buenos días, compañeras y compañeros, muchas gracias por vuestra presencia en este acto, en este domingo 14 de febrero, donde hoy, y con todas las letras, si que podemos hablar de socialismo afectivo y además, celebrarlo. Porque sin duda, no hay mayor explicación que la afectividad hacia la Organización para llenar esta sala de ferraz, no sólo un domingo por la mañana, sino sobre todo, llenarla el domingo de carnavales. Por lo tanto, muchas gracias y feliz socialismo afectivo.
Queremos, compañeras y compañeros, con este acto poner todos los focos, porque ahí están yendo todos nuestros esfuerzos, en la formación para el empleo de los jóvenes.
O lo que es lo mismo, poner todos los focos, en el primer paso necesario para disminuir los índices de desempleo juvenil, para mejorar la calidad del empleo de los jóvenes. Formación para romper con la precariedad y la temporalidad.
La crisis nos ha dado duras lecciones al conjunto de las sociedades, pero también nos ha marcado apasionantes retos de futuro. El primero y el más auspiciante, reducir a la mitad los índices de desempleo juvenil, aumentando la calidad del mismo y renunciando con ello a la tentación eterna de la derecha de, para ello, para favorecer el empleo entre los jóvenes reducir nuestros derechos y nuestras garantías laborales.
Jane Steward, la responsable de políticas de empleo joven de la Organización Internacional del Trabajo, concluía apenas unos meses mientras comprobaba que en todos los países de la OCDE los índices de desempleo de los menores de 30 años duplicaban la tasa de desempleo general que:
1. Los jóvenes, en todo el mundo desarrollado, somos los últimos en entrar en el mercado de trabajo en periodos de expansión económica y los primeros en salir del mismo en periodos de recesión por la escasa protección de nuestros contratos.
2. Pero además, advertía, que la máxima neoconservadora de reducir las garantías de los jóvenes trabajadores para mejorar nuestra empleabilidad había fracasado. Han fracasado, también en este ámbito, las políticas de aquellos que piden que todo siga igual. Han fracasado como se demuestra que, habiendo desarrollado estos programas la mayoría de los países (también España antes de la era Zapatero) ninguno de ellos ha reducido el diferencial de desempleo joven con respecto al general y todos ellos lo han visto duplicado durante esta dura crisis.
Dos conclusiones globales, en todo el mundo, a la que nosotros añadimos una conclusión particular. Sólo los jóvenes formados, en épocas de dificultad, son los que entran en el mercado de trabajo, los que se mantienen en él con todas las garantías.
La formación es la piedra angular de la igualdad de oportunidades. A mayor formación mayores posibilidades de empleo, mejores empleos y más expectativas de futuro.
Estamos en Madrid. Una Comunidad Autónoma con un tremendo potencial de desarrollo. Una Región de gente humilde y trabajadora. Pero una comunidad que es un claro ejemplo de las políticas que no se pueden volver a hacer.
Esta comunidad autónoma –junto con Murcia, Valencia o Galicia- es la radiografía de la agenda oculta del partido popular, de lo que estarían haciendo hoy, en España, si Rajoy fuera el presidente del gobierno.
Mirar, hay gente interesada en hablar de la crisis de las ideologías. Y no hay ninguna crisis de ideas, en pocos momentos ha habido tanta confrontación de valores como en el que vivimos ahora.
Y tenemos que estar a la altura de los grandes acontecimientos, con autoestima generacional. Sabiendo que lo podemos conseguir por nosotros mismos, que debemos liderar un nuevo modelo económico, sí, pero sobre todo un nuevo modelo social y de valores. Podemos y debemos hacerlo sin dejar que nadie se equivoque, como siempre ha pasado, por nosotros.
Debe ser nuestra generación la que, desde todos los ámbitos, hablemos que si hoy Murcia, Valencia y Madrid lideran con distancia los índices de desempleo juvenil es porque han sido, estas comunidades, la punta del iceberg del modelo económico conservador.
Que entre estas tres comunidades se han construido más viviendas que en la suma de las restantes y que, entre las tres, se han invertido menos en educación que en cualquiera de las restantes. Madrid, por ejemplo, la que más jóvenes tiene, la que menos invierte.
Tenemos que ser nosotros, desde lo local, los que cambiemos las cosas. Los que alcemos la voz diciendo, que volveremos a caer en los errores del pasado, si eliminados los programas de libros gratuitos –como en Galicia- si reducimos la financiación de las Universidades Públicas –como en Madrid- o eliminamos las becas complementarias –como en Valencia-.
Tenemos que ser nosotros los que levantemos la voz, diciendo que si el modelo económico del PP ha caído es porque eran débiles los cimientos sobre los que se sustentaba.
Que si hoy lideramos el paro juvenil en Europa es porque tenemos medio millón de jóvenes menores de 30 años que tienen escasamente el título de secundaria y que algo tendrá que ver las políticas que desarrollaron durante sus ocho años.
Aquellas políticas, que estrangularon nuestro sistema de becas, que expulsaron a miles de jóvenes del sistema educativo a base de itinerarios y aquellas que diseñaron, a base de estímulos fiscales y leyes del suelo, un canto de sirena hacia la construcción desproporcionada del que todavía hoy, seguimos pagando las consecuencias.
Ese modelo económico, al que no renuncia la derecha de este país, de crecimiento rápido pero débil, ha sido el que ha creado en las últimas décadas una sobredimensión del empleo no cualificado, además de precariedad y temporalidad laboral incluso en el cualificado.
Compañeros y compañeras, España necesita que agilicemos, los socialistas, una nueva economía donde se premie el conocimiento por encima del cemento, donde las plusvalías que se generen no sean las de la especulación sino las de la innovación y las del talento.
Y mejorar los índices de formación, para mejorar así la calidad de nuestros empleos, es uno de los grandes retos que tenemos que asumir como generación.
Acabar con la terrible estadística de que el 30% de los escolares clausuren prematuramente su etapa educativa, ligando así su futuro al andamio o a la obra, es el mejor servicio de país que podemos hacer, no como jóvenes socialistas, simplemente como jóvenes.
No hay hoy mayor garantía de futuro que basar todos nuestros esfuerzos en tejer una estrategia para que el conjunto de la sociedad se de cuenta que no sobran esfuerzos en formación, ni un solo euro en capacitación, ni una sola beca, como pide la derecha con sus alaridos de austeridad.
No hay mejor política de comunicación pensando en el futuro, que explicar calle a calle, que en la mejora de nuestra cualificación no sólo está el mejor futuro para nuestras vidas, también está el mejor futuro para nuestro país, el mayor desarrollo económico, la mayor garantía para el estado del bienestar.
Compañeros y compañeras, impulsar hoy, con ambición, las políticas de formación dirigidas al empleo es el mejor servicio de patriotismo que podemos hacer a favor de los jóvenes y de España.
De los que más claro lo tienen, nuestro ministro de educación, Ángel Gabilondo, con quién os dejo.















