Artículo: "El genocidio no tiene fecha de caducidad"
Un auto judicial ha sido el causante de todo un revuelo social. En estas semanas la opinión pública está plagada de apoyos y de detractores a la decisión del Juez Garzón de iniciar un auto judicial para juzgar al franquismo y restituir la memoria de aquellos que fueron asesinados durante el régimen de Franco. En este caso, me considero del lado del los que apoyan este proceso, con algunos matices.
Apoyo sin fisuras la memoria histórica, por muchas razones, entre ellas por la restitución de la memoria de aquellos que fueron asesinados por creer en la democracia, por aquellos que se encuentran enterrados en el cementerio municipal, fusilados por defender algo tan esencial para el ser humano como la libertad. Lo hago por principios, pero sobre todo por coherencia, por responsabilidad y por homenaje a muchos de mis compañeros que por creer en unos valores y principios con los que me siento plenamente identificados fueron cruelmente privados de la vida. Es lo mínimo, que puedo hacer.
La valentía es necesaria en estas ocasiones, y el Sr Garzón ha sido valiente al iniciar este proceso, independientemente de que su actitud pueda ser interpretada de oportunista o pretenda algún afán de protagonismo como señalan sus detractores, pero no me cabe la menor duda que el contenido de su auto pretende poner las cosas en su sitio. Al menos, la parte del auto que se refiere a la restitución de la memoria de aquellos que fueron asesinados y enterrados en fosas comunes. En lo que se refiere a la competencia judicial del asunto y al enfrentamiento entre Garzón y la Fiscalía de la Audiencia Nacional, decir sinceramente que no me considero capacitado para valorar esta parte, excepto señalar que esto puede provocar que el auto no logre prosperar.
No he vivido la transición, pero todos los 1º de mayo, al visitar las tumbas de aquellos melillenses que fueron asesinados por el franquismo, no puedo evitar reflexionar sobre aquello a lo que llaman “espíritu de la transición” y que algunos utilizan ahora para atacar el auto del juez Garzón. No me cabe la menor duda que la transición fue necesaria, útil y propició la instauración de la democracia en nuestro país, así me lo enseñaron en las clases de Historia de España y así lo he podido comprobar desde que tengo uso de razón. Hasta ahí, todos de acuerdo, pero lo que no entiendo es la defensa del “espíritu de la transición” como un borrador de aquellos crímenes contra la humanidad, de un blanqueador de los 40 años de tortura a los vencidos, del genocidio justificado para sustentar un régimen. En las clases de Historia también me enseñaron que los genocidios no tienen fecha de caducidad, y que los que fueron víctimas y sus familiares, cómo mínimo, tienen el derecho a la digna restitución de su memoria. Por eso, me parece mezquino escudarse en la transición para evitar que las cosas se pongan en su sitio y que muchos ciudadanos puedan honrar a sus muertos.
Algunos compañeros han llegado a decirme que remover el pasado es no tener miras de futuro y que esto puede provocar enfrentamientos sociales. Es cierto que los socialistas tenemos el horizonte de la convivencia, de la paz y la tolerancia, pero eso no quita que tengamos que ser exigentes con la justicia y con la exigencia de responsabilidades a aquellos que asesinaron sin complejos. Por ello, no sólo respeto la decisión del Juez Garzón, sino que la celebro.
Confío en que el partidismo y las conveniencias personales no contaminen un proceso justo y necesario. Muchos jóvenes desconocen, precisamente por ese mal uso del llamado “espíritu de la transición”, que miles de ciudadanos fueron asesinados por defender aquello de lo que hoy en día gozamos plenamente, la libertad.
Por cierto, hay muchos que cuestionan la Ley de Memoria Histórica afirmando que en la Guerra Civil hubo crueldades por ambas partes, centrando todo en la guerra y olvidando la dictadura. Los sucesos de la guerra me entristecen sean del bando que sean y los delitos de guerra son abominables los cometa quien los cometa. Pero de cómo se gestionó la victoria sólo es responsable el vencedor y lo que hay juzgar es el genocidio cometido por los vencedores durante 40 años de dictadura.















